Ricardo Castaneda
Ricardo Castaneda Ancheta dejó de trabajar para el Icefi en octubre de 2023.
Ya se ha cumplido un año de convivir con la pandemia y de las medidas para intentar controlarla. Con algunas buenas y otras seguramente no tanto.
No puede haber paz mientras haya injusticia. La historia de El Salvador está marcada por injusticias escritas con sangre: genocidios (en 1932 fueron asesinados 32,000 indígenas, algo de lo que muy poco se habla), golpes de Estado, dictaduras militares y por supuesto uno de los más dolorosos conflictos armados a nivel mundial. La guerra civil que finalizó en 1992 cobró más de 75,000 víctimas mortales, sin contar los miles de desaparecidos, y forzó a millares de personas del área rural a migrar hacia zonas urbanas del país, y a muchos otros a huir hacia diversos países, principalmente a los Estados Unidos, Australia y Canadá.
La implementación del Bitcóin no ha generado ningún beneficio real, pero ha tenido un alto costo de oportunidad al utilizar recursos públicos.
---
Históricamente la institucionalidad ha sido débil en El Salvador. Especialmente la relacionada con la prevención y combate de la corrupción.
El periodista Mauricio Funes siempre denunció en sus espacios de entrevistas cómo la corrupción era un lastre para la sociedad salvadoreña. El candidato presidencial Mauricio Funes prometió que esta vez sería diferente y que lucharía para que los corruptos fueran a parar a la cárcel. El presidente Mauricio Funes investigó y denunció más de 300 casos de corrupción, de los cuales más de un centenar llegaron a la fiscalía; siendo el más emblemático el caso del expresidente Francisco Flores. El expresidente Mauricio Funes es acusado por casos de corrupción; la fiscalía lo investiga por peculado (desvío de fondos públicos), enriquecimiento ilícito, malversación, negociaciones ilícitas y tráfico de influencias. Él dice que es una persecución política, ahora es asilado en Nicaragua.
La realidad en El Salvador muestra un bajo porcentaje de ejecución de la inversión pública, siendo una de las variables de ajuste frente a la débil situación fiscal del país.
Y quizá, aunque ella no lo sepa, una vez más tendrá que pagar la factura de las decisiones de políticos que utilizan el Estado para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.
Aunque no sea tan emocionante como un partido de fútbol o sea menos intrigante que una novela mexicana, al presupuesto público también deberíamos prestarle atención.
Posiblemente la mayor parte de la población no dimensiona los efectos que tiene una crisis fiscal como la que atraviesa El Salvador.




